
HISTORIA
La
Península de Yucatán enclavada en el oriente
del país de México ha sido considerada como
El Lugar de la Hacienda por Excelencia"
debido al elevado número de plantaciones
que proliferan al término del siglo XIX
cuando reorientaron su actividad productiva
hacia el monocultivo del henequén.
Al finalizar
el período colonial (1810), Yucatán llevaba
algunas décadas de haber incursionado en
el establecimiento de la hacienda mixta,
Institución Agraria que en otras partes
del país y América ya se había generalizado
tiempo atrás. Su característica más general
era el de ser centros de población creados
con el objetivo principal de satisfacer
los mercados regionales de productos para
el consumo básico como el maíz y la carne
de res, por lo que se le conoce a la primera
época de la hacienda yucateca como Ganadera-Maicera,
sin embargo, en este tipo de hacienda también
se produjo aunque a menor escala la miel,
la cera, el azúcar y el algodón.
La
hacienda henequenera es más tardía, no así
el cultivo del agave nativa "Fourcroydes:
o henequén que estuvo asociada a la cultura
maya de la región peninsular desde tiempor
precolombinos, pues la fibra que de ella
se puede obtener fue ampliamente utilizada
entre los mayas para elaborar hilos de amarre
muy usados en la fabricación tanto de viviendas,
como de alpargatas -sandalias nativas-,
de armas para cazar, en vasijas para agua,
etc. Este tradición se mantuvo entre los
indígenas de todos los tiempos, pues el
cultivo del henequén en el interior de sus
solares lo encontramos también en la hacienda
del siglo XIX.
En la quinta
década del siglo pasado cuando aún la actividad
Ganadero-Maicera dominaba el mercado rural
yucatanense, aconteció en la Unión Americana
un hecho que proyectó radicalmente la producción
de fibra del henequén mexicano hacia el
mercado externo. El nuevo invento de una
máquina engavilladora McCormick, operó óptimamente
con hilo engavillador elaborado con la fibra
natural del henequén, por tanto las haciendas
de la península replantearon su tradicional
actividad ganadera e iniciaron el intenso
cultivo del henequén para obtener la preciada
fibra.
La
hacienda henequenera se localizó básicamente
en la zona noroeste de la península y creció
a tal punto que al finalizar el siglo XIX
existían 1,200 plantas desfibradoras funcionando.
El trabajo era intenso en el interior de
una hacienda y el proceso ininterrumpido,
por lo que ésta siempre se asoció a un asentamiento
humano numéricamente importante.
La imagen
de la hacienda henequenera es variada en
la medida que adopta o cambia la tradición
arquitectónica colonial para influirse de
la académica francesa que tanto impactó
a México en el período porfiriano. Producto
de dos tiempos y culturas, los edificios
principales de una hacienda nos transportan
a una época de magnificencia económica,
y de numerosos grupos de índigenas sujetos
por deuda para el trabajo.
La casa
principal, la casa de máquinas, el templo,
son los edificios protagonistas de la magnifica
escenografía arquitectónica que caracteriza
esos espacios donde, podemos ver desfilar
elementos de las corrientes arquitectónicas
locales coloniales y las universales como
la renacentista, barroca, neoclásica e incluso
medieval, sin embargo, en cada caso domina
un orden y concierto que le proporciona
cualidades propias y regionales.
La vivienda
de los trabajadores de la hacienda se organizaron
en torno a este conjunto principal de edificios
con un alto grado de regularidad en el trazo
de sus calles pero también con una buena
dosis de adecuación al entorno natural y
construido, por lo que la imagen de estos
pueblos inmersos en la vegetación de frondosos
árboles y casas distantes entre sí, es la
de un ambiente dominantemente natural tropical
húmedo.
El capítulo
de la hacienda productiva henequenera se
cerró entre la tercera y sexta década del
presente siglo, sólo su fiel población campesina
permaneció en ella guardando el tesoro de
su historia para ser eventualmente contada
a sus visitantes.
El final
de siglo será registrado como el del rescate
arquitectónico y ambiental de varias de
las haciendas más importantes de la región
peninsular para devolverle su imagen perdida
y revitalizar sus centros de población.
Reacondicionadas
esas haciendas, como hoteles de gran turismo,
abrirán de nuevo sus puertas a los países
del mundo como en otra época cuando tanto
florecieron.