
Adicciones, daños severos para la salud
Por
La Región en Línea
Redacción
El consumo
de tabaco, alcohol, y otras sustancias adictivas
constituyen fenómenos complejos con raíces
y consecuencias biológicas, psicológicas
y sociales que traspasan las fronteras geográficas,
pero que adoptan características propias
en cada país.
Las adicciones
guardan una estrecha relación con las dinámicas
económicas y sociales como los delitos y
la violencia, asociados a su uso.
La farmacodependencia
constituye hoy en día un problema que no
sólo afecta a la población de países altamente
desarrollados, sino que también es cada
vez más frecuente en los considerados en
vías de desarrollo, con una tendencia creciente
de consumo en forma alarmante en los jóvenes.
Dentro
de las drogas consideradas lícitas, el consumo
de alcohol y tabaco ha alcanzado proporciones
importantes en la población en general,
pero específicamente en grupos de edad cada
vez menor.
El problema
de la farmacodependencia es aún más alarmante
porque es un fenómeno que contribuye a la
corrupción, al clima de violencia entre
la sociedad, a la difusión de enfermedades
transmisibles tales como el SIDA, hepatitis
de tipo viral y otros tipos de enfermedades
como son las de transmisión sexual, como
consecuencia de las actitudes y conductas
irresponsables o de riesgo, asumidas por
el adicto.
El uso
de las drogas conduce generalmente a la
dependencia, definida como un síndrome de
trastornos de la conducta que incluye, además
de su utilización compulsiva, el descuido
y negligencia de actividades constructivas
y otros efectos adversos; asimismo, puede
provocar tolerancia y dependencia física
que se diagnostica como el síndrome de abstinencia.
El síndrome de abstinencia se define como
el conjunto de síntomas fisiológicos adversos,
que tienen lugar después de que se ha desarrollado
dependencia física, cuando se suspende bruscamente
la droga o cuando se obstaculiza su efecto.
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A
dos pasos de la muerte
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En la siguiente relación se incluyen
los daños específicos ocasionados
por distintas sustancias:
Opiáceos.
En el caso de consumo de heroína,
la principal causa de muerte prematura
es la sobredosis, el choque anafiláctico,
la sepsis, la endocarditis, la hepatitis,
la violencia y el suicidio. El consumo
de opiáceos se asocia a la morbilidad
y la mortalidad neonatal y al retraso
en el desarrollo fetal.
Depresivos.
La mortalidad se relaciona con suicidios
o muertes por sobredosis accidental,
psicosis tóxica y síndrome de privación,
característicamente letales.
Estimulantes.
Se han caracterizado por ser causa
de una importante moralidad por
traumatismo, fallo cardiaco agudo
y trastornos cerebrovasculares,
además de las complicaciones sépticas,
producto de aplicación intravenosa.
Alucinógenos.
En cuanto a su mortalidad poco se
sabe, dada su poca frecuencia de
uso como es el caso de la mezcalina
y psilocina. También se consideran
los alucinógenos sintéticos como
el LSD o la fenicilina.
Marihuana.
Produce daños muy parecidos a los
ocasionados por el tabaco en cuanto
a sus efectos en el equilibrio hormonal,
la reproducción y el estado inmunológico
de los usuarios. En cuanto a sus
efectos en la función cerebral,
no se han documentado de manera
satisfactoria.
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