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RESEÑA
Progresista
y provinciana, tropical como pocas, alegre
y sobre todo, muy despierta, muy viva, así
es Villahermosa. Así es la capital de uno
de los estados más verdes del país. Ignorada
tal vez como polo turístico y en realidad
llena de rincones y lugares de interés, la
antigua Villa Hermosa de San Juan Bautista
amanece muy temprano con olor a chocolate
y anochece entre los framboyanes y la brisa
tardía que riza la sedosa superficie del río
Grijalva.
Con
todos los recursos y servicios de una urbe
moderna, Villahermosa se amalgama con el sabor
de una ciudad pequeña de callejones empedrados
y zonas peatonales con numerosas fuentes y
áreas verdes que no se limitan a ser "pulmones"
de la ciudad; por el contrario, toda la ciudad
es un pulmón enclavado en la selva del trópico
mexicano.
Menos
joven de lo que pensamos (en realidad fue
fundada el 24 de junio de 1569), Villahermosa
fue durante mucho tiempo el puerto principal
de una zona que finalmente se empobreció y
que no recobró su auge hasta que dio inicio
la explotación petrolera. En
1826 recibió el nombre único de San Juan Bautista
y se le restituyó el que lleva hoy hasta febrero
de 1916.
Ahora
esa prosperidad es fácil de palpar: grandes
centros comerciales, complejos de edificios
administrativos, monumentos, avenidas y circuitos
urbanos que permiten identificar claramente
lo que hace décadas era sólo una pequeña capital,
de lo que es ahora la gran Villahermosa, que
trabaja intensamente en su proyección hacia
el próximo milenio.
Su prosperidad
se hace más evidente con la existencia de
un parque como el Garrido Canabal, grandes
museos, una biblioteca amplia y moderna, plazas
comerciales, un extenso recinto ferial, así
como avenidas y monumentos que sumados a la
extensa gama de servicios, permiten disfrutar
y vivir en plenitud la capital "choca" y sus
alrededores.
Ya
sea en el centro de la ciudad o en los alrededores,
siempre hay algo qué hacer y qué encontrar
en Villahermosa. En las afueras está la reserva
y el parque zoológico Yumká; en la ciudad
está el parque La Venta; en el centro histórico,
la evocadora "Zona Luz" y en el mismo corazón
de Villahermosa pasa el río Grijalva en todo
su esplendor.
En la ciudad,
bañada también por los ríos Mezcalapa y Carrizal,
no es difícil dejarse contagiar por el espíritu
alegre y festivo de los tabasqueños francos
y hospitalarios; los habitantes de Villahermosa
ofrecen su ciudad con la misma generosidad
con la que sirven al visitante un vaso de
pozol frío cuando el calor aprieta. "Toma,
hermano -dicen sin reservas-, esta es tu casa".
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