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HALLAZGOS
Uno
de los hallazgos más espectaculares de La
Venta fue la tumba de columnas, descubierta
en 1942 dentro de la Estructura A-2. Ésta
fue elaborada con 44 columnas de basalto,
dispuestas horizontal y verticalmente, formando
un pequeño recinto de 4 metros de largo, por
2.50 de ancho y 1.80 de alto.
El piso de esta tumba estaba
compuesto por lajas naturales de piedra caliza,
sobre las cuales se encontraron los restos
óseos muy mal conservados de por lo menos
dos individuos jóvenes cubiertos con un pigmento
rojo y acompañados de una rica colección de
objetos de jade: una figurilla femenina sedente
con un pectoral en forma de disco de hematita,
una figurilla masculina sedente, dos figurillas
masculinas de pie, un pendiente en forma de
concha de almeja, dos pequeñas representaciones
de manos, un punzón, una ranita, además de
diversas cuentas de collar.
Junto a estos objetos también
se encontraron dos discos idénticos de obsidiana
pulida, un espejo de magnetita de forma elíptica,
un diente de tiburón y lo que parece ser un
collar compuesto de seis aguijones de cola
de mantarraya con decoraciones incisas impregnadas
con hematita, , el cual tenía como pieza central
un séptimo aguijón de mantarraya labrado en
jade.
En el extremo opuesto del patio
norte del Complejo A, cubierto por los dos
pequeños montículos circundados por las columnas
de basalto mencionados más arriba, se encontró
uno de los rasgos únicos de La Venta y sin
igual en el mundo mesoamericano. Se
trata de una de las construcciones subterráneas,
de 8 metros de profundidad, donde se erigieron
unas plataformas de más de 500 bloques de
serpentina burda, sobre las cuales asentaron
un pavimento de bloque del mismo material,
finamente acabados, configurados en un diseño
abstracto a los cuales, imaginativamente,
se les ha dado el nombre de “máscaras de
jaguar”
Esto a su vez fue cubierto por
una capa gruesa de arcilla arenosa, sobre
la cual se constuyó un montículo de adobe
que se apreciaba en una superficie delimitada
por las columnas de basalto. El significado
de estas ofrendas masivas ha estado sujeto
a variadas interpretaciones; la más coherente
es que pudo haber sido una ofrenda a la madre
tierra, ya que el ofrendar a la tierra es
una creencia común entre sociedades nativas
de América desde tiempos prehispánicos.
El enterrar cantidades masivas
de bloques de serpentina no se limitó a contextos
como los anteriormente descritos: también
se encontraron otros tres en el Complejo A,
pero de una construcción menos elaborada.
Por ejemplo la ofrenda masiva 3, ubicada en
el sector norte del patio norte del Complejo
A, fue depositada a una profundidad de cerca
de 4 metros en un espacio de aproximadamente
20 metros cuadrados, donde se depositaron
seis hileras sobrepuestas de bloques de serpentina,
que fueron cubiertos por una mezcla de arenas
y arcillas y donde se encontró la famosa ofrenda
4 de La Venta.
Dicha
ofrenda consiste en un grupo de 16 figurillas
masculinas y seis hachas. Quince de ellas
(dos de jade y el resto de serpentina) estaban
dispuestas en un semicírculo mirando hacia
la figurilla central (de arenisca), la cual
daba la espalda a las seis hachas, todas de
jade, erigidas igual que las figurillas y
que probablemente fueron representaciones
de estelas. Este conjunto es único, ya que
presentan una escena, seguramente de tan gran
envergadura que consideraron necesario labrarlo
en piedra para la posteridad.

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