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ESCULTURA
Los
monumentos fueron distintivos de los centros
olmecas y pueden darnos, hoy en día, una idea
de la naturaleza de su ideología. Las cabezas
colosales son retratos bastante fieles de
los dirigentes olmecas y puede identificárseles
por los atributos personales mostrados en
los grandes símbolos de los "cascos" de cada
cabeza. Las cabezas colosales glorificaban
en vida a los dirigentes y los conmemoraban
tras su muerte, como reverenciados ancestros.
Los
altares fueron en realidad los tronos de los
dirigentes olmecas. Los grabados en la parte
anterior de los tronos muestran a algún dirigente
determinado sentado en un nicho; éste simboliza
una cueva que da acceso a los poderes sobrenaturales
del inframundo. La escena mostraba al pueblo
el vínculo de su dirigente con los poderes
cosmogónicos.
Casi
todo el arte monumental olmeca se ha encontrado
dañado o mutilado. Las estatuas-retratos de
los dirigentes están decapitadas y faltan
grandes fragmentos de las esquinas de los
altares. Sólo las cabezas-retratos monumentales
parecen haberse salvado relativamente de tal
suerte. Aunque
alguna vez las mutilaciones se adjudicaron
a invasores o a revoluciones internas, fue
algo que sucedió reiteradamente a lo largo
de los setecientos años en que los olmecas
esculpieron esas esculturas. Es por esto que
la mayoría de los especialistas actualmente
se inclinan por la teoría de que las mutilaciones
de los monumentos fueron hechas por los olmecas
mismos, por razones sagradas o rituales. Tal
vez eran destruídos cuando el dirigente moría.
Nuevos datos indican que algunos monumentos
fueron destruídos y las partes vueltas a esculpir
como otros monumentos. Cuando moría, ¿era
el dirigente venerado al convertir su trono
en una cabeza colosal que lo retrataba?

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